La obra

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El lugar donde hoy se ubica el Jardín, fue uno de los roferos más importantes en la zona de Mala y Guatiza. El rofe que de aquí se extraía era empleado por los agricultores para cubrir los campos y así prepararlos para plantar tuneras. Estas plantaciones  se realizaron desde mediados del siglo XIX y continuaron hasta avanzados los años '30. La hondonada que quedó después de la extracción del rofe  recibió durante mucho tiempo el nombre de Cuevas del Molino, por los huecos que quedaron en los laterales después de extraer el rofe. Este lugar, con el tiempo y el abandono, terminó convirtiéndose en una escombrera.
César era un auténtico investigador de los espacios en Lanzarote y este no le pasó desapercibido, por lo que no dudó del potencial que este sitio tenía. Desde el primer momento viendo el importante valor paisajístico de un lugar rodeado integramente por plantaciones de tuneras  (ver artículo sobre la cochinilla), apoyado por el Cabildo de Lanzarote, no dudó en realizar una obra que integraría totalmente en el paisaje
entradajardinPC090491.jpg, transformando un espacio degradado en un sitio de gran belleza. Los trabajos de acondicionamiento de este centro, César los llevó a cabo con un grupo de trabajadores que habían estado presentes en la realización de otros centros de la red: mismo capataz, mismos pedreros, albañiles, electricistas, etc. Este era un equipo que conocía de tal manera a César que muchas veces no hacían falta palabras para comprender lo que el artista quería transmitirles.
El Jardín de Cactus, aunque fué el último centro de la red de Centros de Arte, Cultura y Turismo creado por César Manrique, no fue el último en proyectarse, ya que este se estaba gestando desde los años 60-70. La intervención en este espacio comenzó con la restauración del molino  en 1973 (su construcción se llevó a cabo en el año 1831 por Juan Rodríguez).
Fué luego, en los 80 cuando se toman en serio los trabajos de acondicionamiento del Jardín, sufriendo a lo largo de una década distintos períodos en los que ya sea por cuestiones económicas o de otra índole, se paralizaban los trabajos de acondicionamiento de este espacio.
Los trabajos terminaron con la inauguración el 17 de marzo de 1990, convirtiéndose en la última obra espacial de César Manrique.
Al llegar al Jardín, lo prim
ero que nos sorprende es una gran escultura metálica que representa un cactus (Pachycereus weberi) de enormes dimensiones que representa a la familia de las cactáceastaquilla_rotulo.jpg  y que nos adelanta la grandeza que se muestra en el interior.
Durante la visita veremos gran cantidad de rincones y formas que han de ser observados con detenimiento: La taquilla en forma de "taro" (simula un refugio de pastores), la piedra labrada de las escaleras y dinteles de puertas y ventanas, s
ervicios, cafetería, etc., las farolas de piedra adosadas a las paredes, farolas, papeleras, pomos de las puertas, con clara alusión a los cactus, motivos de gran interés que el visitante no debe perderse.
Partiendo de
sde la taquilla y pasado un muro estrategicamente situado y que divide el acceso a una primera terraza, se nos muestra con toda plenitud uno de los jardines de cactáceas más importante del mundo. Desde esta plataforma se nos ofrecen dos escaleras que nos invitan a iniciar el recorrido, pero antes de ello echamos un vistazo a la panorámica que el Jardín nos presenta. Destaca el molino en lo alto de un montículo, la terraza de la cafetería, los "paredones" o bancales que se nos muestra a nuestra derecha, la tienda de recuerdos, grandes cactus de formas caprichosas que compiten con los monolitos...
Un itinerario tipo puede ser iniciando el recorrido por la parte derecha, subiendo a las terrazas donde podemos ver gran cantidad de taquilla_003.jpgmammillarias, uno de los géneros más importante de la familia de las cactáceas, luego bajar e iniciar el recorrido de la base por la derecha hasta situarnos al lado de las primeras plantas del Jardín: la Euphorbia neriifolia y la  Euphorbia candelabrum , plantadas por el propio César Manrique, asistido por Guillermo Perdomo (colaborador de César en la población de cactus y cuidador de los mismos como jardinero durante más de veinte años), así también Estanislao González, gran entusiasta y conocedor de los cactus. Desde aquí continuamos hasta los pequeños lagos donde veremos en el primero de ellos preciosos nenúfares y en los otros gran cantidad de pequeños peces.
Se hace obligada la visita de la tienda, dónde se pueden adquirir múltiples recuerdos del Jardín, así como información relativa a los cactus y objetos típicos de Lanzarote. Desde la tienda tenemos dos caminos que nos pueden llevar a la terraza de la cafetería y de allí al molino, a estas terrazas se puede acceder por una escalera lateral. Es importante acceder a las terrazas y molino pues desde estos sitios se puede tener una panorámica de todo el Jardín. Ya de vuelta desde el molino hacia la cafetería lo haremos por la escalera interior que nos lleva directamente al salón de la cafetería y terraza, dónde aparte de buen café, batidos de fruta, etc., se pueden degustar diferentes "tapas". Más tarde para no repetirnos en el recorrido, paseamos el centro y la zona derecha que nos lleva a la salida.
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                                                                                        Eugenio Núñez